Viajando sola a Namibia
Mi experiencia viajando sola en Swakopmund

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El día que conocí a Telina en Swakopmund
Nunca había pensado en visitar Namibia sola. Sin embargo, miles de problemas con la visa nigeriana hicieron que no la consiguiera y que finalmente tuviera que reinventar mi viaje, optando por visitar Namibia en los días que tenía previsto visitar Nigeria.
No podía haber sido mejor elección: en Namibia he encontrado un país muy seguro (tomando la precaución de no salir si no es en taxi por la noche, algo que ya en algunas ciudades europeas hay que hacer, sin ir más lejos).

Desde la capital, Windhoek, me desplazaría hasta Swakopmund para poder disfrutar del paisaje desértico tan conocido en las redes sociales y poder conocer más el país. Ya desde el principio, la calidez de sus gentes y su amabilidad me conquistaría.

Me alojo en Dunedin Guesthouse, un hostal muy correcto donde encontraría experiencias que no esperaba. El lugar creo que lo elegí por su nombre, Dunedin, que me recordaba a un gran viaje a Nueva Zelanda el pasado año, y que ha sido uno de los mejores de mi vida.



La ciudad muchos dicen que es una réplica alemana, yo no lo termino de ver, la veo un poco artificial y parece recién construida, con sus calles anchas y espaciosas, algo que en la mayoría de países europeos no encontramos, menos en la vecina Alemania. Aún así, Swakopmund es un lugar agradable donde pasear tranquilamente, tomar un café, incluso hacer alguna compra necesaria. Si hay que elegir entre Waldis Bay y este lugar para estar un par de días, sin dudarlo me quedo con este.

Llego al hotel e inmediatamente una mujer salida de la nada me aborda: “hola, quiero ofrecerte un masaje” me dice. Yo, la verdad, acabo de llegar y es lo último en lo que estaba pensado. “Pues no sé, dime precios y lo pienso” Inmediatamente me ofrece un trato para tener más servicios al mismo precio. Yo, la verdad, no lo termino de ver. Le doy largas y entro en la habitación. Es entonces cuando mi hombro empieza a darme pinchazos de un modo sorprendentemente fuerte; yo alucino. Es verdad que en la cola de inmigración estuve cargando la mochila más de 3 horas de plantón, y que he estado volando y viajando casi 48 horas, pero no es para tanto! Total, que salgo y le digo que si, que me hago el masaje.

Los basters en Namibia
Telina es masajista, trabaja en la guesthouse donde me encuentro y tiene 6 hijos. En Namibia encontramos mucha población extranjera; Telina proviene de los basters; los baster son un grupo étnico mixto en Namibia y el noroeste de Sudáfrica. En los siglos XVII_XVIII fueron muchos los holandeses y franceses, así como los indígenas Nama, que se mudaron a estos lares.
A pesar de ser cazadores seminómadas y pastores, progresivamente fueron cambiando a otras profesiones. Su independencia y las presiones con los boers fueron lo que les hizo llegar hasta aquí. En la actualidad, Rehoboth, es el área de Namibia con más bosters. Los basters trabajan mayoritariamente en las minas de diamantes cerca del río Orange, como pescadores en Walvis Bay, y como artesanos en Windhoek.

La historia de Telina
Telina tiene 6 hijos y como muchas mujeres en el mundo, una historia de supervivencia detrás de su sonrisa.
Al casarse se mudaría a WIndhoek, el mundo del masaje llegó a ella después de trabajar en residencias de ancianos, donde estos le pedían un masaje para aliviar sus dolores siempre que podían. Su marido trabajaba en una pequeña embarcación en el mundo de los diamantes, hasta que en el 2013 un grave accidente le incapacitaría para poder volver a trabajar. Fue entonces cuando los roles cambiaron, y su marido fue el que quedó con el trabajo a tiempo completo de limpiar la casa, preparar las comidas, y ayudar en todo lo que pudiera a Telina, incluída manicupa cuando hace falta. ” ¿De verdad tu marido lo hace todo? En mi país, incluso estando incapacitado para trabajar, eso sería algo raro” le digo “Rose, aquí para un hombre es una verguenza no poder trabajar. Así que aunque sea haciendo las labores del hogar, es una manera de sentir que no es ninguna carga”

“En mi casa todos saben hacer masajes, incluso mis hijos varones. Siempre hemos pensado que si todos aprendíamos algo, había que saber hacerlo todos, para podernos ayudar” me dice. En la actualidad sus dos hijas trabajan con ella en la cabina; sus hijos varones han abierto un negocio de comida para llevar en la ciudad, y les va muy bien, aunque su hijo pequeño todavía está en proceso de ir a la universidad, ayuda al hermano. Las otras dos viven en Windhoek.

Telina es de la religión Mormon, y el día siguiente asistiría con ella a la misa dominical. No sé nada de los Mormones, pero conocer y respetar otras religiones y personas cuando viajo es una de mis metas viajeras.
La historia de Melina no termina aquí: en los dos días que pasé con ella descubrí a una persona que siempre tiene una palabra amable para todos; un gracias para las personas que encuentra en la calle, que le ayudan con la compra, para el taxi. Su sonrisa y amabilidad conquistan a los que la rodean, y tengo claro por qué, a pesar de los contratiempos que la vida nos da, ella sale adelante, por su bondad.





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