Tribus de Tailandia

Tailandia es sinónimo de playas paradisíacas, gastronomía asiática, locura asiática en la noche, y como no, de tribus de montaña ancestrales. Todo viajero que decida realizar un viaje al tigre asiático terminará en un momento u otro desplazándose a Chiang Mai, la capital del norte; es en este lugar donde tiene lugar una primera toma de contacto más humana y auténtica del país, si previamente hemos pasado por Bangkok, y donde el viajero se sentirá como en casa. A pesar de que la ciudad de los templos empieza a ser ya muy turística, y los visitantes inundan sus calles, Chiang Mai todavía es considerada la cara amable de Tailandia, donde se podremos encontrarnos con pequeñas villas, naturaleza auténtica y un ambiente especial.

Las tribus en Tailandia

Es en este área y la zona del norte, Mae Hon Son,Chiang Mai y Chiang Rai donde encontraremos las tribus de montaña del país. A pesar de que algunas ya se han sumado al postureo de las fotos turísticas, y de que muchos poblados han encontrado en este modo de vida su subsistencia, hay otros que viven de otro modo, sin grandes pretensiones y mirando al turista divertidos. Este es el caso de la tribu de los Karen, que suman 40.000 personas en todo el país.

 

La tribu de los Karen

La tribu de los Karen procede de la vecina Myanmar, donde todavía es posible encontrar a muchos de sus lugareños en el norte del país vecino; los que viven en Tailandia llegaron hace tiempo, y siguen cruzando la frontera, como consecuencia de los problemas políticos de su país de origen. Los karen viven de la agricultura, siendo ellos agricultores y dedicándose ellas a trabajos artesanales hechos a mano, que ahora venden a los turistas. Su situación no es nada fácil cuando deciden cruzar al vecino país, ya que en muchas ocasiones lo hacen sin papeles y el gobierno tailandés no lo pone fácil para ellos. En el reino de Siam, viven de la agricultura igualmente, pero también muchos viven del turismo, sobre todo aquellos poblados que han decidido aprovechar la tradición de ellas, las mujeres Karen, de ponerse anillos color dorado en el cuello para alargarse el cuello.

 

Longsheng, China, el pueblo de los arrozales de arroz.

Orígen de la tribu Karen

Los orígenes de esta tribu está ligada al Tíbet y al desierto del Gobi, desde donde creen firmemente que fueron bajando hacia el sur hasta situarse en las tierras de norte de Myanmar, Tailandia y del sur de China. Los Karen también son llamados localmente kariang, gariang, karen y pakanyor. Todos ellos se encuentran divididos en cuatro subgrupos o tribus, con distinto dialecto, lenguajes inteligibles entre ellos, cultura y forma de vida distinta. Los subgrupos son los Sgaw (o karen blancos), los Po (o karen rojos), Pa-O y Kayak.

 

Pai. Tailandia
Paisajes de Pai. Tailandia

Costumbres de la tribu de los Karen 

A pesar de tener idiomas tan distintos, su modo de vida es similar: los karen son agricultores y viven de la tierra, donde cultivan arroz, maiz, soja o café. Viven el casas fabricadas con bambú, y tienen pollos y cerdos como animales domésticos. Su relación con los elefantes es también muy próxima, y muchas aldeas tienen más de uno para utilizarlo en las tareas del campo.

La forma de vestir de sus mujeres difiere en los colores de la subtribu, pero tiene la misma idiosincrasia en general: color liso o blanco para las mujeres solteras, colores vivos, o azul y rojo para las que se casan.

 

En los poblados la figura del jefe es muy importante, y es él el que decide y al que se consulta casi todo lo que ocurre en la comunidad. También es el encargado de realizar los rituales para su gente, y de tomar las decisiones que más puedan influir en el futuro de su pueblo.

 

Religión

Las tribus Karen son animistas en casi toda su mayoría, excepto aquellos a los que el cristianismo y sus misioneros lograron convencer, allá por el añó 1926, con la llegada del Imperio Británico. No obstante, muchos mezclan sus creencias cristianas con los espíritus que les protegen, donde son los espíritus del agua y de la tierra los más importantes, al protegerlos y darles el sustento diario. Los Karen son muy supersticiosos, y todo lo que hacen tiene un por qué.

Las mujeres Karen y sus largos cuellos

No siempre vamos a encontrar un poblado Karen con mujeres de largo cuello; más bien al contrario, ya que cada vez más deciden que no van a cubrir sus cuellos de estos aros que van añadiendo conforme el paso de los años. La decisión de poner o no anillos es propia, no existe una obligación tribal y solamente la tradición marca la regla. Hay algunas que llegan a ponerse hasta 20 anillos. Los poblados que realizan esta práctica forman parte de la subtribu de los Pa, o Karen rojos, procedentes de las regiones birmanas de Kayak y Shan.

No vamos a hablar de las consecuencias físicas que esta práctica puede tener en su fisionomía, allá cada una, es una decisión personal y que no todas comparten. Lo que sí que es verdad es que esta práctica ha dado beneficios a muchos de sus integrantes, que ven las oleadas de turistas pasar ávidos de la foto con la mujer jirafa de turno. Para muchas aldeas ha sido un medio de ganarse la vida y de poder tener unos ingresos que les permitan alimentarse.

Nuestra experiencia con la tribu de los Karen

En nuestro caso decidimos no visitar estos pequeños núcleos plagados de turistas y nos decantamos por una caminata por las aldeas Karen donde los anillos dorados brillan por su ausencia, y lugareños y demás actúan como tales, sin prestar demasiada atención a los de afuera. En estas aldeas descubrimos otro modo de vida, alejado de los circuitos turísticos y donde los karen se dedican a lo que verdaderamente hacen, la agricultura; fue una auténtica experiencia poder conocer un poco más de estos poblados tan alejados a nosotros, donde la vida sigue a otro paso, y el reloj parece haberse detenido. Sin duda, recomiendo la experiencia de recorrer las montañas donde esta gente vive, impregnada de campos de cultivos de arroz y donde los caminos de tornan senderos por donde circulamos los mortales y las motocicletas de sus lugareños, que transportan el arroz de la reciente cosecha de un lugar a otro. Es aquí donde uno desconecta del presente, y las noches en la aldea se convierten en un lugar de comunicación personal, sin móvil ni ninguna conexión a internet, solo la palabra, una guitarra y el sonido de la noche… en breve cuelgo las fotos…