Delhi, llegada a la India.

Delhi, llegada a la India.
 
Llegamos a Delhi después de una escala de casi 24 horas en Helsinki, Finlandia. La pulcritud y el orden reinante del que veníamos, contrastaba con el caos y la multitud que nos esperaban, nada más salir del aeropuerto. Recuerdo los nervios de Bea, que no quería salir del avión. Recuerdo mi primera impresión de la India: el fuerte olor a especias, que ya en el aeropuerto se podía percibir. Había estado el año anterior en la China, país del cual me habían advertido mucho y sin embargo, la India me pareció más impactante desde el primer momento. A la India se la quiere o se la odia. Yo, desde el primer momento, sentí que sentía las dos emociones por ella.

Nuestro primer día, pasó volando, simplemente organizando la ruta, y haciendo tiempo hasta nuestro tren nocturno, que salía a las 12 am de la noche. Solamente nos dio tiempo de visitar el Fuerte Rojo (creo que todas las ciudades de la India tienen su fuerte rojo), antes de partir a Vanarasi esa noche. Hoy en día, no sé si habrá cambiado mucho la India, pero ese primer día, ya pudimos percibir la diferencia de castas (es muy chocante el ver a niños limpiando los trenes, simplemente porque son de la casta inferior), o también cantidad de pobreza allí reinante. Como todas las capitales, siempre se ve más gente pidiendo en la calle, pero en Delhi, todavía choca más. Ya allí, pudimos ver a sus vacas sagradas por la calle, donde son las reinas soberanas de todo a su alrededor. Curioso al menos, lo es.

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India del norte.

India, año 2.007
 
Como he prometido en la reseña general de mi blog, no voy a contaros lo que típicamente podréis encontrar en cada lugar, para eso ya están las guías de viaje y los buscadores de google, que religiosamente utilizamos antes de viajar en los últimos tiempos. En esta ocasión, voy a narraros mi paso por la India del Norte, que pasa por ser uno  de los viajes más peculiares y con más cosas que contar de todos los que he podido realizar.
 
De partida, no fue algo calculado y meditado, todo lo contrario. Mi novio por aquél entonces, dudaba sobre irse o no conmigo de vacaciones (como de costumbre), así que mientras hablaba con él, y él intentaba convencerme de que quería ir a su aire aquél agosto del 2.007, yo miraba por internet vuelos, y antes de que terminase la conversación, le anuncié que acababa de adquirir un vuelo a Delhi, que me llevaría allí durante 20 días, con lo cual, la polémica estaba zanjada. Lo que aconteció durante la semana siguiente, todavía yo no me lo creo; pero después de dos anuncios buscando compañeros de viajes, uno en el foro de Rentalia, y otro en la Lonely Planet, en menos de una semana había formado un grupo de 6 personas, organizado la ruta, era mayo, y tenía ya todo planeado. A partir de ahí, surgió un viaje que por circunstancias decidimos empezar y terminar, ya en Delhi, Bea y yo, por nuestra cuenta, algo que hoy por hoy no sé si habríamos hecho. Pero cuando menos nos dimos cuenta, estábamos en una calle de la ciudad de Delhi, planeando cómo decir al resto que nos queríamos ir solas, y que no queríamos modificar nuestro recorrido, y no sólo eso, en menos de media hora, estábamos comprando dos pasajes de tren que nos llevarían a Vanarasi, y que definitivamente, nos separarían de nuestro grupo, que todavía hoy se estarán preguntando qué pasó aquél día por nuestra cabeza.
Todavía hoy, no lo sé. No sé qué pasó, por qué decidimos marcharnos solas. Quizás el destino quería que ocurriese, que viéramos cosas que por aquél entonces no entendí, pero que con el paso de los años, he comprendido y aceptado.
 

Bienvenidos a la India del 2.007

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