Yunnan, comienza el viaje al Sur de China.
5 de agosto, reunión en Kunming. Esta ciudad, capital de la provincia de Yunnan, en principio no nos aporta nada nuevo ni nos sorprende demasiado. A Lucia, Jorge y Judith todavía les da tiempo de alquilar una bici y poder recorrer las zonas más bonitas. A mi, que llego más tarde, sólo me queda salir a cenar con ellos, donde, por primera vez, hacen su aparición las abuelas matriarcales chinas, que controlan la cocina, que te obligan a comer y que se hacen las fotos con nosotros, con la misma naturalidad con la cual te acaban de hacer los noodles y el arroz. Aquí descubrimos que todo nuestro lenguaje hablado a partir de ahora es indiferente, podemos hablar inglés, español, catalán o valenciano: siempre funcionarán más las señas. Y saber que la cerveza que queremos es la Tsingtao, claro.

El 6 de agosto nos movemos hacia Dali. Ahora somos 6, Alfonso y Jose se han unido a nuestro grupo. La llegada a Dali resulta una de las mejores decisiones tomadas durante el viaje; además de los alrededores, llenos de poblados típicos según la guía, la ciudad tienen un encanto especial. El Jade Hostelling, nuestro hotel, también. Es de los que tienen una terracita donde uno puede tomar una cervecita y dejar que pase el tiempo. Pero nosotros no somos de esos, y después de un masaje tomado por parte del grupo, nos dirigimos a explorar la ciudad, llena de farolillos rojos por todas partes, de restaurantes, de tiendas, de gente. Finalmente no conseguimos llegar al lago. Mañana a la luz del día lo veremos.

El día 7 viene marcado por la cantidad de kilómetros que nos metemos en una bici cada uno. Por sólo 1 euro por bici, conseguimos alquilar una cada uno, e ir visitando los pueblecitos pegados al lago. La visita nos conduce a una atracción turística china, las Butterfly Springs, donde después del fallido intento por parte de Jorge de entrar con su carnet de estudiante de la universidad (cosa que no le cuadra a la chinita de la entrada), nos metemos para ver la primera atracción turística china del viaje, y comprobar que sus gustos y los nuestros no siempre coinciden. Mientras ellos se disfrazan y se hacen fotos junto al estanque, nosotros nos las hacemos tal cual somos, eso sí, de Alfonso sólo podemos contar con su cabeza, ya que después de la paliza de la bici se abstiene de subir dos escalones más.

La vuelta se hace dura. Esperábamos pasar al otro lado en un ferry, pero llegamos tarde. Nadie nos quiere llevar a nosotros y las bicis, y finalmente un bus local accede a dejarnos en Dali. Este dia sí, todo el mundo termina en un salón de masajes para pies, donde Judith puede experimentar por primera vez cómo le aplican fuego a su pie para curarlo. Increíble.

8 de agosto: Linjiang. Decir que es una ciudad bonita, pero que parece un Benidorm chino es poco. La parte antigua, a pesar de tener toda la arquitectura típica en muy buen estado, también posee multitud de tiendas por doquier. La multitud que asoma por sus calles casi no te permite transitar, y nuevamente caemos en el error de ir a ver unos lagos, recomendados como visita imprescindible, pero que nuevamente son increíbles para los chinos y deprimentes para nosotros. Como punto a favor decir que aquí aprendemos algo, que los chinos, si algo aplican bien es el photoshop, y las montañas ahora verdes las transforman y las vuelven completamente nevadas en todas las fotos. Otra cosa aprendida en Linjiang es que las atracciones turísticas de los chinos, no son de nuestro agrado, tanto en contenido como en el precio de la entrada. Y lo más vergonzoso, que estamos pagando una entrada cuando luego siempre descubrimos algún lugar por donde pasar gratis. También en Linjiang, detectamos al primer desahogado de nuestro viaje, un giry que anda por el hotel sólo con sus gallumbos, y que nos hace pensar que hay mucho desahogado por ahí suelto. Por otro lado, en esta ciudad conocemos a la abuela que llevaremos en nuestro corazón siempre que hablemos de China, la mamá Naxi, propietaria del hotel y todo un personaje.

Como de lisiados en el grupo vamos bien, (hay un enfermo de gota, otro quemado por el sol, una rodilla no apta para caminatas y un pie que no anda), las chicas decidimos irnos el día siguiente a Shangril.la, mientras nuestros chicos se dan un paseíllo por la Garganta del Tigre. Así acordada la cosa, el día siguiente en el desayuno la mama naxi nos regala un amuleto y un plátano a cada uno. Nos da su bendición y nos despedimos. Vamos a Shangril.la.
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