Xi’an para mi, como para mucha gente, eran sus guerreros y poco más. Sin embargo, debo decir que ha sido la ciudad china donde más me he divertido… con diferencia. Pero vayamos por partes.
Cuando decidimos el viaje, y decidimos que íbamos a visitar el Tíbet, la única puerta de entrada era a través de Xian, ya que desde allí se contrataba el avión, una excursión en Lhasa y se pagaba la tasa de entrada (todo un robo). Por eso, desde Beijing tomamos un tren nocturno, donde no encontramos literas, y tuvimos que pasar la noche sentados, eso sí, con unas simpáticas chinas que no hablaban inglés, pero con las que nos pasamos la noche intentando hacernos entender.

Ya en Xian, y pagando la correspondiente tasa y la “excursión” obligatoria, decidimos cambiar a un hostel con un ambiente más distendido, ya que el hotel no nos terminaba de gustar. Así, nos dedicamos a visitar los famosos guerreros, y también la ciudad, que aunque no lo creáis, está bastante avanzada y tiene mucho que ver. Ya por la noche, nos metimos en un restaurante, donde por menos de 5 euros cada uno, tuvimos multitud de marisco: no nos lo podíamos creer. Y ya que estábamos, nos fuimos a la disco. Allí nos pedían 5 euros por la entrada, precio que después de la jarta que nos habíamos metido, nos parecía una aberración. Lo que descubriríamos luego, es que los 5 euros incluían toda una caja de cervezas, o sea, una caja de unos 12 tercios por cabeza, lo que no está nada mal. Ni qué decir, que éramos los únicos occidentales, que camareros y público veló por nuestra seguridad, y que el día siguiente, en nuestro vuelo a Lhasa, íbamos muertos…. Qué noche la de aquél día!