Shangril.la no seria seguramente más que la antesala al Tibet, y uno de los pueblos más bonitos de China, sinó fuese por toda la novela Horizontes perdidos (Lost Horizon en inglés), escrita por James Hilton en 1933. En ella se relata la llegada de un grupo de extranjeros al monasterio tibetano que hoy todavía perdura, en un lugar utópico y paradisíaco de los Himalayas. Shangril.la es considerada el prototipo de metáfora de búsqueda de la espiritualidad oriental y de la sociedad perfecta. La novela se ha llevado al cine en dos ocasiones, en 1937 por Frank Capra y en 1973 por Charles Jarrot. El escritor describe este lugar de los Himalayas donde había paisajes marvillosos y el tiempose detenía en un ambiente de paz y frescura. La novela está basada en la mística ciudad budista de Shambhala. Dicha novela inspiró a la sociedad de su tiempo y dió origen al mito: soñadores, aventureros y exploradores intentaron hallar ese paraiso perdido. La onda orientalista de Occidente se ha inspirado en él, y el nombre “Shangril.la” no sólo bautiza agrupaciones musicales o teosóficas, sino numerosos lugares de descanso en Asia y América (de hecho, Shangril.la fué el primer hombre de la sede de descanso presidencial estadounidense en Camp David, ubicada entre colinas, y cuyo nombre fué puesto por Roosevelt).
 
 
Los lugares reales más parecidos, que posiblemente haya descrito o inspirado a James Hilton, son el territorio tibetano de Diqing y el Reino de Bhután. Varios países se adjudican por razones turísticas localizar dentro de su geografía el mítico lugar inspirador de Shangri-La.
 
 
Con todo esto, nos dirigimos a Shangril.la Lucia, Judith y yo. Lucia con el libro de Alfonso, el gran triunfador del viaje, Los Hijos de Anansi (nadie se ha querido leer mis libros, qué poco gusta el inglés), Judith durmiendo y yo con Ripley,s Game, de P. Highsmith, que me ha enganchado sobremanera, nos encaminamos en un autobús de los que sólo tardan 8 horitas hacia allí (un simple tentempié para nosotras).
 
 
La llegada nos decepciona un poco, parece una ciudad china como otra, pero la entrada a la ciudad antigua nos quita cualquier duda sobre lo acertado de nuestra elección. Todas cargadas, nos dirigimos al hostelling que la mamá naxi nos ha recomendado, que como todo lo bueno, está escondido del resto de los mortales. El lugar es el ideal para perderse unos dias y no salir de allí, pero el encanto de la ciudad hace necesario ir a verla y disfrutarla. Después de una comida al medio de la plaza, en uno de los puestos, nos dedicamos a explorarla. Hacia la noche, los lugareños inician una danza tranquila, muy pausada, y decenas de turistas se unen a ella, para poder empaparse de la tranquilidad que alli se respira. Todo es paz en Shangril.la, todo es sosiego.
Nuestro segundo día en el pueblo lo dedicamos a la visita al Monasterio, que debo decir es mucho más bonito, y está mejor conservado, que el de Lhasa. A pesar de que hay turistas, no es ninguna aglomeración, y se puede visitar sin tropezar con todos los turistas. Ya al bajar, una taxista mala leche nos deja tiradas y encima nos cobra más de lo acordado. Aquí mi paz espiritual se rompe, y casi le arranco la puerta del taxi (su cabeza estaba demasiado lejos), y por primera vez descubrimos que las mujeres taxistas no son la mejor opción en China.
 
 
Dejamos Shangril.la con la tristeza queda dejar algo bueno, quedando en nosotras un bonito recuerdo que nos acompañará todo el viaje.
 
Algún día volveremos.