Historia de la Ruta de la Seda.

Cuenta la leyenda que la esposa del emperador chino Din-Han, de la dinastía Shang, se encontraba tomando su té en el jardín, cuando un gusano de seda aterrizó dentro de su taza. La emperatriz, en su intento por quitarlo, empezó a sacar todo el hilo del capullo de seda. Ello le hizo pensar que este hilo se podría seguramente tejer. Y así, en el siglo XVII A.C, nació la historia de la seda, uno de los comercios más antiguos que existen, y con mayor número de leyendas e historias ligadas entorno a él.

En efecto, el secreto de la obtención de la seda permaneció oculto a otras culturas durante mucho tiempo; muchos fueron los que intentaron apropiarse de lo que producían los hilos de alta calidad y resistencia que caracterizaban las telas de seda. Desde monjes a enviados especiales, que actuaban como espías, culturas cercanas a la china, como los coreanos, japoneses e indios, todos quisieron hallar aquello que tanta fuente de riqueza proporcionaba a los vecinos chinos y que, en algunos momentos de la historia, llegó a utilizarse incluso como moneda de cambio. Fueron dos monjes durante los siglos VI-VII, los que, finalmente, consiguieron atrapar unos gusanos y llevarlos hasta la corte de Justiniano. El misterio de la obtención de la seda estaba resuelto.

En nuestra entrada de hoy, vamos a narrar una de las últimas novedades de la ciudad de Valencia, la re-apertura del museo de la seda de Valencia.

Para empezar nuestra historia, hay que decir que Valencia es la única ciudad española incluida en la ruta de la seda, y razones no faltan, ya que ya en la Edad Media, Valencia y otras ciudades valencianas árabes como Xàtiva, Carcaixent o Alzira, fueron referentes de la época y fabricaron algunos de los mejores tejidos de la época. Los telares valencianos, se caracterizaban por primar la calidad de la tela por encima de las modas o cualquier otro requisito, y la producción del terciopelo, el “vellut” en valenciano, llevó a la concentración cerca de las murallas de la capital de los artesanos de tejidos, y de todos los que indirectamente trabajaban en el gremio. Hoy en día, el barrio de Velluters, se encuentra entorno al actual museo de la seda, sede en el pasado del Colegio Mayor de la Seda, en la calle hospital, y que fue abierto en el 1494, ante la creciente demanda de la seda valenciana, y la necesidad de agrupar al gremio de los sederos o de Velluters, creado años atrás. La seda valenciana, se caracterizó por tener motivos geométricos, muchas flores, y unos diseños que recordaban mucho a los motivos orientales.

Con el paso de los años, y la llegada del Renacimiento, la burguesía y la mejora de las clases sociales marcó el incremento del uso de las prendas de seda, pero con un matiz: los tejidos, marcaban el rango de los que la utilizaban, y así, Lyon se convirtió en un nuevo centro de talleres de fabricación, que suministraba a toda Francia.

La llegada de los Borbones al poder, en el Siglo XVIII, quiso introducir la forma de tejer y abaratar la seda utilizada en Valencia, contando con la negativa rotunda del gremio de sederos, que, poco a poco, y agravado también por una plaga, vio como su gremio desaparecía con el paso del tiempo y quedaba relegado en el olvido.

Ahora, por suerte, el Museo de la Seda ha abierto las puertas otra vez, y nos cuenta su historia y la de la gente que formó parte de él, así como nos muestra cómo fue esta parte de nuestra historia que nunca nadie antes nos contó.

Allí descubrimos que no había solamente una ruta de la seda, sino varias, al menos cuatro, y que una de ellas venía a través de Marruecos, para alcanzar las calles valencianas de la ciudad. La ruta de la seda, denominada así por Ferdinard Von Richthufen en 1877, se dedicaba a los intercambios comerciales durante toda su ruta, especialmente de pieles, alfombras y sedas. La ruta de la seda, cruzaba tierras tan ricas y lejanas como Mongolia, Persia, Arabia, Siria, Turquía y todo el norte de África.

Lo que vamos a encontrar en el museo valenciano, va a ser una reconstrucción total de lo que fue el edificio en sus días, así como la historia de la ruta, y podremos ver un telar antiguo, que maniobrado por una tejedora experta, nos va a enseñar cómo tejer (más o menos, porque, la verdad, no es tarea fácil), y veremos cómo se van quedando todos los colores y formas.

La parte superior del museo, está ocupada por el salón de la fama, que es la parte más famosa y representativa del museo, y que era el lugar de reunión de la institución en el pasado. Allí, podremos deleitarnos con el fresco de José Vergara dedicado a San Jerónimo, el patrón del gremio de sederos, ya que fue el primer cardenal de la historia, y el primero en utilizar la seda en sus ropajes.

El suelo del salón está construido en cerámica valenciana y representa los cuatro continentes, con una figura femenina que se acompaña de un animal típico de cada región: el león representa a África, el caimán a las Américas, el caballo a Europa, y el elefante con la figura de Asia. Vicente Navarro, su autor, quiso emular la fuente de Bernini en Roma con este salón tan espectacular.

Junto a él, nos encontramos la capilla, que con sus azulejos blancos y verdes crean un curioso efecto óptico, y donde si miramos a una de sus esquinas, vamos a descubrir una escalera de caracol separada por un cristal. Ésta, es parte de la primera construcción del edificio, en la época en la que el gótico reinaba con todo su esplendor, y aunque no deja de ser una escalera de caracol, tiene sus peculiaridades, ya que, al contrario que la mayoría, no presenta un eje central, lo que hace pensar a muchos historiadores que quizás fuese Pere Comte el autor de la misma.

La última estancia, nos muestra el archivo histórico y gremial más grande de Europa, con más de 5 siglos de historia del gremio entre sus vitrinas. Aunque el principal objetivo son los documentos relacionados con el gremio de la seda, como libros de actas, de inspecciones de fábricas, etc, no deja de ser un valioso legado de lo que era la economía valenciana en el pasado.

Creo que hay muchos museos interesante y de visita obligada en nuestra ciudad, pero si hay uno que narra nuestra historia y nuestra apertura al mundo, es éste. Nadie debería de perderse esta parte de nuestro legado.

 Más información: Museo de la seda de Valencia.

Calle Hospital en el Barrio de Velluters, Valencia, donde está el colegio del arte mayor de la seda.
Calle Hospital en el Barrio de Velluters, Valencia, donde está el colegio del arte mayor de la seda.

 

 

 

 

 

Entrada al colegio de la seda.
Entrada al colegio de la seda.

 

 

 

 

 Terraza interior colegio del arte mayor de la seda.
Terraza Interior, Museo de la seda, Valencia.

 

 

 

 Fachada principal del colegio del arte mayor de la seda.
Fachada principal del colegio del arte mayor de la seda, Valencia.

Hasta pronto.