Malaca o Malaka…

 
 
 
 

Los trickshaw inundan las calles de Malaca. El origen de la Malasia actual y centro de negocios de mercaderes durante varias generaciones, todavía conserva el aire de ciudad orientada al mar, donde muchos de sus habitantes siguen dedicándose al comercio marítimo, aquello que antaño les permitió ser uno de los enclaves más codiciados y cotizados del Asia y sus rutas comerciales. Goa, Ceilan, China, las Islas Molucas, Japón, etc, fueron testigos y actores del tráfico comercial reinante en la ciudad. Una vuelta con uno de estos triciclos en forma hindú, que sus dueños adornar con ornamentos y flores de colores vivos, nos acercarán a una de las ciudades donde el proceso de colonización ha sido más intenso. Portugal en 1511, Holanda en 1641 y por último Inglaterra en 1824 dejaron huella en sus edificios todavía en pie. A Famosa, la fortaleza portuguesa, sigue siendo edificio clave en cualquier visita turística por sus calles. Stanhuis, el más antiguo vestigio de la presencia holandesa en todo el Sudeste Asiático, templo chino de Poh San Teng, el templo hindú de Sri Poyyatha Vinayager Moorthi y la mezquita Kampung Kiling reflejan la elevada interculturalidad que todavía sobrevive en la zona. Decir Malaca es hablar de historia. En 1400 Parameswara, príncipe de Sumatra, decidió fundar la ciudad. Desde entonces la ciudad tuvo que sufrir y aprender de sus diferentes colonizadores año tras año. El lunes será el día elegido para callejear por sus calles, para pasear por su peculiar barrio chino y curiosear por las tiendas de antigüedades. Lo que en un día fue la ciudad más importante de la Malasia actual, será por un día nuestro respiro a tanta civilización, el punto intermedio entre Kuala Lumpur y Singapur, y quizás uno de los lugares donde encontremos más Malasia auténtica y original, una Malasia donde la civilización todavía se resiste a llegar e introducirse entre sus calles, sus barrios, sus gentes, su cultura, su religión.

 

 

Malaca o Malaka; Indonesia o Málaga, lo dejamos a vuestra elección. Seguro que los de Antequera, ahora mismo, entienden mi juego de palabras…