Sulawesi

Sulawesi es una pequeña isla situada cerca de Borneo y que pertenece a Indonesia. También conocida como Islas Célebes en el pasado, Sulawesi es un destino todavia poco turístico, en comparación con Bali u otras islas donde las playas y la comodidad ganan peso a la hora de decidir el destino vacacional. De hecho, las carreteras en la isla todavia dejan mucho que desear, y todavía quedan lugares bastante inaccesibles. Pero, que es lo que hace que todos los anos cientos de personas incluyan a Sulawesi en su trayecto? La respuesta es Tana Toraja.
Los Tana Toraja son una tribu que vive en la parte central del Sulawesi. Desde hace miles de años, esta gente permanece allí, donde combinan la llegada de la modernidad con sus costumbres ancestrales. Y es que las diferencias entre su cultura y la nuestra son brutales. En este lugar, estamos hablando de una gente que gasta el 70% de su salario en pagar un funeral, ya sea de sus padres, hermanos, abuelos, etc, sabiendo que en el futuro algún hijo o nieto también estará endeudado para pagar el suyo propio. Es indecoroso para ellos el morir y que no se maten algunos cerdos y algunos bueyes (como mínimo uno, aunque lo normal son 12) y que no se reúna la gente de la comarca para celebrar el rito. Además, la gente de mayor casta tiene también danzas especiales para ese día, y la comida y las bebidas tampoco faltan para la gente que acude a festejar ese día. Nosotros, después de una noche en autobus de viaje, al llegar a Rantepao, la capital punto de partida para ver las ceremonias y las tumbas de los tana toraja, nos dirigimos a contratar un guía, que durante estos días nos llevara a ver las distintas zonas impregnadas de la cultura toraja.
El primer destino es el mercado de animales, que se celebra cada seis días, pero q se basa en el calendario lunar. Aquí empezamos un poco a dislumbrar lo que vamos a ver luego en el rito funerario, a ver a todos los cerdos que se van a sacrificar. Luego nos dirigimos a una aldea toraja, donde hoy se realiza el sacrificio y el ritual. Las casas que forman la aldea son típicas casas toraja, con el techo en forma de barco (los toraja era en principio una familia de navegantes, que se instalaron en esta region), todas decoradas con inscripciones que se supone son el alfabeto toraja, aunque es un lenguaje que solo se comunica oralmente hoy en día. Cada casa esta edificada sobre unas estacas de madera, que la mantienen en alto para protegerlas de las inundaciones. Además los techos, construidos de bambú, se refuerzan con acero por dentro, para evitar el paso de la lluvia. El interior de las casas, pese a su sensación de grandeza por fuera, es diminuto. Solo consta de tres estancias, dos habitaciones y un comedor, donde se cocina y se reúne la familia. Tener una casa toraja supone un orgullo para cualquier toraja. Es signo de linaje entre ellos, puesto que en el pasado solo conseguían tener una casa de estas dimensiones la gente de mucho poder. Hoy en día, muchos de sus habitantes han construido otras casas cerca de estas, pero las conservan para los ritos y como signo de respeto y status.
Para el funeral, se ha congregado multitud de gente procedente de villas cercanas. Se sirven bebidas y comida, y los hijos de la difunta reciben los presentes habituales, azúcar y tabaco, mientras distintos vecinos les ayudan en los preparativos. La muerta, en este caso, llevaba solamente ano y medio muerta. Cuando alguien muere, la familia tiene que ahorrar, por lo que con distintos medicamentos naturales se mantiene al difunto en una habitación hasta que la familia consigue ahorrar para el funeral A veces pasan hasta 10 anos. Mientras, cualquier visita que venga a la casa y cualquier reunion, tiene que hacerse en presencia del difunto.

Y que decir del rito, y de la carnicería que tiene lugar en la plaza. Por suerte, me pierdo el navajazo del matarife al cerdo para arrancarle el corazón.

Después de semejante espectáculo, la carne se elimina de nuestra dieta. Normal, no?

Pero el viaje sigue, y por la tarde vamos a ver las tumbas en lo alto de las paredes rocosas que las familias han ido creando a lo largo de los anos, para evitar el saqueo de ladrones. En la superficie los familiares colocan unos muñecos, que simbolizan a sus muertos, y que de vez en cuando cambian de ropa (por supuesto hay que matar algún animal cada vez que se cambia la ropa también. Aquí Drácula parece hasta inofensivo). Otra cosa curiosa es el cementerio en un árbol para recién nacidos. Parece ser que hace cientos de anos cada mujer solía tener una media de 3 o 4 hijos muertos. Se creía que era debido a karma erróneo de sus antepasados. Por ello, finalmente llego un sacerdote que les dio instrucciones sobre lo que tenia que hacer, acorde con cada caso. Algunos tenían que enterrar a los niños en el árbol, otros dejarlo en una cuna bajar por el rio, y otros sacrificar un animal (como no). Con todo esto, los niños dejaron de nacer muertos, y se pudo volver a la normalidad.

La tradición de los toraja, convive con el cristianismo, que llego de manos de los misioneros en 1920. Aunque el cristianismo les trajo la educación, también intento eliminar los ritos, y los torajas, sin pensarlo demasiado, terminaron con el problema, es decir, mataron a los misioneros. Aquí matar un animal, es algo normal. Nuestro camino a Ratenpao, hace que el conductor atropelle a un gallo que se veía a la legua. Por supuesto ni frena, y el gallo recibe un viaje que le impulsa a salir volando. Maceta y yo empezamos a pensar que hay una cámara oculta. La escena es surrealista, y nuestro guía y el conductor siguen hablando como si nada.

Todo es así en Tana Toraja. Es brutal, violento, pero sobre todo, lo que creo que pasa es que supone un concepto tan radical al nuestro de lo que es el respeto a la vida de los animales y de las personas, que es realmente lo que nos choca.