La carretera asfaltada del paso de Laeken, a 5186 metros de altitud, nos lleva hasta el lago Namtso, el lago salado más alto del mundo. Aquí, no existen restaurantes, ni hoteles lujosos en los que uno pueda hospedarse, ni tampoco ninguno de los lujos a los que estamos habituados en nuestro mundo occidental. Solamente la compañía de los tibetanos que aquí viven, y de los yaks, los animales típicos tibetanos, van a ser testigos de nuestra excursión a uno de los lugares emblemáticos del norte del Tibet Qiangtag.

El lago Namtso, o lago del cielo (“nam” significa cielo, y “so” significa lago en el idioma tibetano), como su nombre indica, es tan azul como el cielo, que su color se confunde en la distancia. Tan distinto es a cualquier otro lugar de los que hayamos visitado antes, que podríamos creer que hemos pensar que sí, que dejamos atrás el mundo terrenal. Y así lo debieron de pensar los monjes tibetanos en el Siglo XII, cuando le otorgaron el estatus religioso y empezaron sus peregrinaciones hasta el lago hasta este remoto lugar. A pesar del paso del tiempo, el lago sigue siendo considerado como sagrado para los budistas tibetanos y como lugar de peregrinación por excelencia.

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Nos cuenta nuestro guía, uno de los pocos de estas cordilleras del norte del Tibet que puede presumir de hablar un poco de inglés, que hay cinco islas dentro del lago, y que son un lugar de retiro espiritual para los peregrinos, que llegan todos los años, cuando el invierno todavía no ha dicho adiós a sus paisanos, y la superficie entre el lago y las cinco islas permanece helada. Los peregrinos, cargados con víveres y provisiones para los próximos meses, se dirigen andando hasta ellas, donde pasarán el verano meditando, hasta que el buen tiempo vuelva a su fin. Ahora, el gobierno chino ha prohibido esta práctica a los tibetanos, y teóricamente, no es posible realizar la peregrinación.

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Lo que sí que todavía se sigue realizando, es el festival en el año de la oveja cada doce años, según el calendario tibetano. La oveja, es el signo zodiacal del lago, y todos los años de la oveja, miles de budistas pelegrinan hasta el Namtso, para dar la vuelta completa al lago. El porqué de esta práctica, tiene que ver con la felicidad, que se supone otorga este peregrinaje alrededor de las aguas durante los cuatro o cinco días que se tarda en finalizar. Los peregrinos, caminan al son de cánticos y de rezos tibetanos mientras se entregan a su tarea en búsqueda de la paz y el sosiego interior.

Aunque no se llegue hasta las islas, hay muchos mensajes de todo lo que acontece alrededor al lago en las orillas del Namtso. Podemos encontrar multitud de piedras de mani, encuentran apiladas en los alrededores. Estas piedras se considerada tienen poderes sobrenaturales, y son piedras naturales, a veces con imágenes de Buda, o con inscripciones tibetanas. Durante los festivales se van añadiendo unas encima de otras, mientras se cantan textos y se piden favores a Buda. También las serpentinas que cuelgan de las cuerdas de colores, con sus escrituras del budismo tibetano, tienen una misión, y es que cuando el viento sopla y las hace vibrar, su sonido se supone es un recital, a favor de la persona que las puso e hizo una plegaria u oración a Buda.

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Este lugar, está considerado uno de los más bellos de la cordillera Nyainqentanglha, en la Región Autónoma del Tíbet de China. La cordillera, observa impasible las aguas de este mágico lugar, al que le proporciona caudal cuando la primavera llega y sus aguas se derriten. Considerado el lago salado más alto del mundo, a 4718 metros de altitud, no es realmente así, aunque sí que es el más grande a esta altitud; solamente algunos pequeños lagos en el Himalaya y en los Andes, superan estos números y alcanzan los 5500 metros, pero su longitud de 70 kilómetros, y su anchura de 30 kilómetros, hacen que no tenga otro competidor a este nivel.

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Para viajar hasta aquí, hay que considerar también el mal de altura que azota a muchos turistas en estas latitudes, y también que el único medio de pernoctar en el Namtso, son las tiendas de campañas colocadas frente al lago, donde compartiremos nuestra tienda con los lugareños.

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La distancia desde Lhasa es de cinco horas, que se hacen cómodamente en coche, gracias a la nueva carretera que se construyó en el 2005, y que permite cubrir los 260 kilómetros de trayecto fácilmente. No obstante, es mejor hacer este hermoso recorrido solamente en los meses más cálidos, porque el tiempo en estas latitudes es muy caprichoso, y nunca sabemos cuándo una tormenta de nieve va a acontecer.