Kuala Lumpur, Malaca y Singapur.

Kuala Lumpur, Malaca y Singapur. Internet ha conseguido cambiarnos la perspectiva incluso en el modo de planear y desarrollar un viaje. Si alguien me hubiese dicho que a mi llegada a Kuala Lumpur estaria con el móvil conectada a Facebook, mientras mi compañero desde el cíber me iba dando las instrucciones para llegar al Hostel Reggae 2 hace solo un año, me hubiese reido. Pero así fue mi llegada a la capital malaya. Mientras yo le enviaba un sms, el se conectaba al facebook, y al final, gracias a la red social pudimos por fin reunirnos.

Kuala Lumpur ha sido un destino fugaz para mi. Solo Jose consiguió durante el domingo ver algo de la ciudad. El sí que estuvo en las torres Petronas y el barrio chino y el indio, pero nuestra real aventura empezaría el lunes, donde después de comprar mis queridos rambutanes y algunos mango-steas, nos dirigimos a la estación de autobuses cercana a nuestro hotel. Allí, el típico menda que siempre aparece al acecho del pobre y desorientado turista, nos propuso comprar ya el billete, y por 18 RMY compramos un billete hacia Malaca, de camino a Singapur.

Malaca nos recibió llena de turistas. Los frikis rickshaws que pueblan sus calles acaban por convencernos de dar una vuelta, aunque la falta de tiempo hace que solo tengamos media hora para pasear. Lo que si que nos vale la pena es la travesía por los canales de Malaca. Recomendable, aunque solo sea para ver la cara de Jose cuando, en plena ciudad, aparecen dos lagartos que deben de haberse quedado ciegos de tanta fotografía. No quiero ni pensar en los pobres monos de Medan.

La segunda parte del viaje consigue ser movida, como parece va a ser nuestro viaje. Llegada a Johor Barhu, paso de frontera a Singapur (donde nadie te dice nada ni te informa de nada), para llegar a Singapur, o algo parecido a Singapur. Allí, conocemos a un MACETA en mayúsculas. Un conductor de autobuses consigue tenerme 20 minutos detrás de el mientras arregla su autobus, para después hacerme ver que no entiende nada de lo que le estoy diciendo, y que encima no nos va a llevar. No tenemos dólares del país, no hay cajeros, y hay que coger un bus. Milagrosamente, del autobus donde nos vamos a subir baja la mujer a la que le había preguntado si era el bus correcto, y suelta los 10 dólares que necesitábamos para llegar a la ciudad. Cuando intento arreglar algo con ella para poder pagarle, me dice que de eso nada, que es su país, y quiere que me lleve un buen recuerdo.

Una vez llegados a Singapur, mi maceta empieza a notar que Singapur no es tan limpia ni tan ordenada como parece: la gente escupe a lo bestia, conduce a lo bestia, los taxistas pasan de nosotros y de la cola para los taxis, y para mas inri, llegamos al hotel y no hay nadie, y cuando digo nadie es nadie. Alguien ha estado alguna vez en un hotel sin personal? NO? Porque no ha ido al Hostel Amigos en Singapur. Esto si que es tomarse en serio los días de fiesta. El día 9 es el día de la Independencia en Singapur, y claro, no van ellos a trabajar, así que nos encontramos en el hotel, solos, y con una habitación que no es precisamente el Ritz. Y claro, sin podernos quejar a nadie, solo meternos en nuestros sacos sabanas y a dormir.
Por suerte, y después de probar una nueva bebida que ha hecho cambiar a mi compi de opinion respecto a la creencia general de que hay que probarlo todo, el día ha transcurrido bien. Hemos visto China Town, el cual ha perdido gran parte de la esencia que caracteriza este tipo de barrios en las grandes ciudades, pero compensado por la Little India, en la cual hemos comido y recordado nuestro distinto paso por la India. Por supuesto, el día todavía no ha terminado, y ahora nos iremos a ver Singapur en la noche, con la puesta de sol.

Singapur seguramente no sea la mejor alternativa de ocio para personas como maceta y yo, pero hasta Willy Fog estuvo aquí en su vuelta al mundo.

Ahora, nosotros, estamos mas cercanos a su historia.