Góndar, Etiopía…

La tierra de los castillos portugueses.

 

Por si Bernat no había visto bastante de África todavía, el viaje de Bahir Dar a Gondar en autobús ha sido una lección de realidad para él. Tras subirnos en un “moderno” mini bus que arrancaba de inmediato hacia la otra ciudad, nos hemos paseado dos horas buscando ocupantes para los asientos restantes. Como el mini-bus era ilegal, no podíamos entrar en la estación de autobuses, y hemos tenido que bordearla todo el rato para captar a los clientes. Finalmente, y ya llenado el autobús, nos han llevado a recoger dos motos (si, dos motocicletas), que han cargado en el techo del mini bus, y también cajas con hierba). Luego, los ocupantes y el conductor se han provisto de tschat, que es una hierba estimulante que ellos mastican como si fuesen pipas. También hemos llevado un embrague nuevo a la ciudad, por si fuera poco. Bien, después de dos horas salimos hacia allí. Lo que no contábamos era que también por el camino íbamos a parar y a recoger a gente, ni que nos iban a multar. Porque si, aquí multan, y cuando te multan te quitan la matrícula hasta que vuelves con la multa pagada. Otra pregunta que nos hacemos, es si el dinero que le dan a la mujer policía que nos detiene (creemos que por llevar dos motos en el techo, nadie habla inglés y no sabemos qué dicen) es para pagar ya la multa y no tener que volver o es un soborno… a saber.

 

 

Ya en Góndar, el hotel Lammarfayete, es un remanso de paz y tranquilidad para nosotros, que llegamos exhaustos de tanto viaje. Ni siquiera la no simpatía de sus camareras, como viene siendo habitual en todos los hoteles, las camareras son muy secas, y los camareros muy amables, nos hace cambiar el humor. En este país donde todavía se bebe Mirinda, la Coca-Cola Light no existe, y se usa papel de calco para las copias de los recibos como antaño, todo te puede sorprender. Mañana más…

Etiopía

 

A este lugar, uno llega por dos razones: por ver sus castillos, en el complejo Fasil Ghebbi, o bien para acceder a las Montañas Simien. En nuestro caso, nosotros buscábamos ver las dos cosas, así que era imprescindible el quedarnos aquí.


A nuestra llegada, no sabíamos mucho sobre sus castillos, pero rápidamente nos ponemos al día. El emperador Fasílides fue el creador de este espacio de 70.000 m2 ocupados por diversos castillos separados entre sí, todos ellos de los siglos XVII y XVIII, y con influencias nubias, árabes y del período barroco. Los castillos, también cuentan con una parte de historia portuguesa, ya que los portugueses llegados a Etiopía para derrotar a los otomanos que luego permanecieron allí, fueron los que enseñaron a diseñar a los etíopes estas edificaciones, que han permanecidos hasta nuestros días.
Góndar, Etiopía.
Góndar, Etiopía.

 

 

Castillos de Góndar, Etiopía.
Castillos de Góndar, Etiopía.

 

Castillos de Góndar, Etiopía.
Castillos de Góndar, Etiopía.

 


Nos cuenta la historia que los emperadores etíopes tenían por costumbre no permanecer nunca en un lugar fijo, sino que estaban viajando siempre por sus posesiones. Así, vivían de lo que sus campesinos producían y dormían en tiendas, hasta que Fasílides decidió terminar con dicha tradición y eligió esta zona para fundar su ciudad, debido sobre todo a que era una zona libre de malaria, y a la proximidad de las Simien para atacar al enemigo. Poco a poco, todos sus descendientes se fueron construyendo su propio castillo en sus posteriores reinados, hasta fundar un complejo que todavía hoy nos hace imaginar lo importante que debió ser Gondar en su época. Para terminar, nada mejor que una injera en el restaurante Four Sisters, donde uno puede escapar del agobio de la ciudad, repleta de gente, mini buses y tuk-tuks, y tomarse una Saint George o una Dashen (la cerveza fabricada aquí mismo) con tranquilidad.