Chongqing y Baisha.

Probando todos los transportes chinos.

 

Si tengo que poner algún calificativo al período de tiempo entre la tarde del 10 de agosto hasta la noche del 12 de agosto, sería el de caótico, catastrófico, errático o increíblemente cansado.
El día internacional del transporte chino debe de ser uno de éstos días, y nosotros aprovechamos estas fechas para probar todo tipo de transporte posible en un breve espacio de tiempo. Allá vamos…
Después de un par de días en el místico y maravilloso Shangril.la, volvemos a Linjiang. Allí, nos encontramos chicas y chicos, para cenar pronto y volver a Kunming en el bus nocturno con literas. Las chicas venimos de un paseo en bus por las montañas de ocho horas. Los chicos también han tenido lo suyo. Pero así y todo, conseguimos dormir.
A las 6,30,  llegamos a la estación. Milagrosamente,  el tren destino a Guiyang sale a las 7 a.m. Nos da tiempo de cogerlo. De nuevo, compramos cosas para poder comer algo en el tren, y pasamos de esos desayunos calmados que tanto me gustan a mi. Las horas de tren no se hacen tan pesadas; aquí al menos uno puede estirar las piernas, leer, pasear, ir al restaurante (donde, por supuesto, nadie te entiende). Las bravas que allí vemos tiene pinta de estar de miedo…

En Guiyang, China. Dirección Kaily.

Una vez en Guiyang, contratamos una furgoneta hasta Kaily, sin saber que ese día íbamos a terminar en la comisaría de policía. Al contratar el transporte, ninguno nos daba un precio justo. Finalmente, le ofrecemos a un conductor 150 yuanes. Acepta. Y por supuesto, partimos. Al llegar a Kaily, nos encontramos que quiere 750 yuanes. Como somos más chulos que un diez, nos vamos con él a la comisaria, para ponerle a caldo por intento de timo a unos pobres turistas de viaje. La policía observamos que le apoya a él. Ahí empieza nuestro miedo. Alfonso se decide y llama a un amigo suyo que vive en Hong Kong. Su amigo le explica que, en China, si tú pones un palito al uno, es un 7, no un 1. Batalla perdida. Pagamos la parte correspondiente y salimos rapidito. A buscar hotel.
El hotel Petroleum es la cosa más cutre de todo el viaje. Lo único gracioso y agradable es el guardia nocturno, con el que nos echamos unas buenas risas. Alfonso me informa de que son cinco pisos sin ascensor, no le creo, y cuando lo veo, por suerte, me ayuda con la maleta. El hotel tiene cucarachas, por lo que tenemos que dormir con la luz encendida y nuestro saco sábana.
 
Por unanimidad, decidimos alejarnos lo máximo posible de Kaily e ir a Chongqing, para desde aquí hacer excursiones a diversos pueblos de montaña… Total, qué son para nosotros ocho horas más de autobús?

Llegada a Chongqing.

Chongqing es un pueblo feo, sin ninguna gracia especial. Está situada en una península sobre el río Yangzi, en el centro del país, rodeada de altas montañas. Al estar situada en una zona con muchas colinas, es una de las ciudades chinas con menos colinas. Tiene temperaturas extremas, y se la considera una de las más calurosas de China. Además, suele estar rodeada de una espesa niebla. La ciudad fue capital del reino de Ba, que reinó hace veinticinco años.
A partir de entonces, debido a su aislamiento de la ruta de la seda, nunca ha tenido especial importancia.
Hoy en día, es un paso para poder visitar otras aldeas que se sitúan entre las más rurales de toda China. A nosotros, las únicas anécdotas que nos quedan de la ciudad es la posibilidad de probar el “vino” chino. Alcohol de 50 o 65 grados. Para nuestra sorpresa, las adolescentes chinas lo beben como si fuese martini. Casi nada.
 
 

13 de agosto. Baisha.

Una de las experiencias más bonitas que tenemos en el viaje, la pasamos en Baisha, pueblo rural habitado por la tribu naxi.

Historia de la tribu naxi.

Los naxi, descendientes de los nómadas qiang, es un grupo étnico que habita las llanuras tibetanas desde la antiguedad. Los naxi eran conocidos comos mosha-yi o moxie-yi. Después de la llegada del gobierno comunista el 1949 se empezaron a llamar naxi que significa “gente que trabaja las cosas negras de la nación”.

Acosados a menudos por otras tribus, se fueron trasladando, hasta ocupar definitivamente Baisha y Linjiang. Los naxi,son una mezcla de la cultura tibetana y la Han china. Una de sus aportaciones culturales más importantes está en la música, con más de 500 años de antigüedad, y que es una mezcla de las dinastías Tang, Song y Yuan, así como influencias tibetanas. Los instrumentos utilizados son tradicionales chinos. En este caso concreto, Baisha debe su origen musical a un regalo del primer emperador de la dinastía Yuan, Kublai Kan. Después de una espedición a Dali, tuvo problemas para cruzas el río de arena sagrada y Mailiang, jefe de los naxi le ayudó. Como regalo le donó la mitad de su banda de música. La música baisha tiene 21 tonadas que son conocidas como qupai.

Costumbres de los Naxi.

 

Los naxi también tienen una gran tradición en la cremación de los cadáveres, donde se recitan textos religiosos para expiar los pecados del difunto. Otra costumbre que todavía conservan es la estructura matriarcal que se conservó hasta la reforma democrática, y donde la mujer era la fuerza del trabajo.

Los Naxi en Baisha.

Pero lo que más llama la atención en Baisha, son sus vestimentas: las mujeres vestidos anchos con chaquetas y pantalones largos, atados con cinturones ricamente decorados. Alrededor de su cabeza colocan grandes turbantes negros que acompañan con pendientes de plata. Los hombres visten un traje de chaqueta y pantalón negro, con un sable atado con un cinturón.
Chongqing, China
Chongqing, China
 
Tras la historia de los naxi, nos adentramos en un pueblo de los que el turismo, en pocos años, seguro destruirá.
Ahora mismo, ya se paga por visitarlo, y aunque se puede pasear sin el agobio de turistas, e incluso como nosotros, jugar con los niños en una plaza del pueblo, la llegada de autobuses turísticos a la calle principal indica la poca tranquilidad que existirá en el futuro. Como anécdota, un grupo de turistas chinos, sin ningún tipo de problema, se nos coloca enfrente y empieza a hacernos fotos. Para terminar, directamente se sienta uno con nosotros, y otro con su cámara de vídeo termina el espectáculo. Es que los hay desahogados.